February 20, 2009
Muchas
personas te dirán que lo peor que te puede pasar en esta vida es enfermarte o
morirte, pero nosotros podemos darnos cuenta que no es así. Lo peor que nos
puede pasar es que pequemos, pues perder la posibilidad de ir al cielo, sería
tragedia eterna. Como hemos visto: esta vida es la oportunidad para llegar al
cielo y el pecado precisamente nos aleja de Dios y del cielo. La enfermedad
obviamente nos cuesta mucho, sí, pero no tanto como perder nuestro destino
eterno. Cristo, cuando hizo las curaciones hizo referencia al perdón del
pecado, por ejemplo con el paralítico, "Cristo le dijo: ’tus pecados
están perdonados’" y luego le curo de su enfermedad, haciendo ver que lo
peor del mal en el mundo es el pecado. La enfermedad es algo difícil, sí, pero
que se acaba, ya sea con la salud o con la muerte. El pecado es algo terrible
que debemos desarraigar de nuestra vida.
Muchos de nosotros también pensamos que al que es bueno no debería pasarle nada
malo. Jesucristo, la inocencia misma, el más justo y santo que haya vivido en
esta tierra, sufrió por nosotros. Su sufrimiento fue salvación nuestra. Las
enfermedades nos pueden llevar a la salvación.
Ese es el secreto que tiene nuestra religión: Cristo con su sufrimiento
inocente, nos enseñó que el dolor, ofrecido por la salvación de las almas tiene
un sentido y un valor maravilloso. De ahí viene la palabra
"sacrificio", del verbo sacrum-facere, que significa
"hacer sagrado". El sufrimiento sin ofrecerlo es solamente dolor, en
cambio, ofreciéndolo tiene un valor de salvación. Convertir el sufrimiento en
sacrificio para alcanzar nuestra salvación y la de los demás. Unir nuestro sufrimiento
al de Cristo para que tenga un valor infinito. Hacernos partícipes de los
sufrimientos de Cristo para la salvación del mundo.
Fuente: Catholic Net