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Querido amigo:

Sabes que Dios te ha dado una cruz particular y te pide llevarla todos los días. Sólo Él y tú conocen cuánto significa caminar bajo su peso; sólo Él y tú saben el precio que tienes que pagar cada día. ¿Pero sabías que esta misma cruz puede convertirse en fuente de gracias y en moneda de salvación para millones de personas?

Dios en su plan misterioso y amoroso, eligió la cruz como único camino de redención, y la eligió para su propio Hijo. Cuando Él te ofrece este mismo camino, te invita también a unirte de forma muy especial a la misión redentora de su Hijo. Sabemos que la condición para seguir a Cristo es tomar nuestra cruz, cada día, y seguirle, pero también sabemos que quien lo sigue, no se quedará sin recompensa.

Viviendo la vida de gracia, como hijos de la Iglesia, tenemos la posibilidad de que nuestro dolor tenga un mérito infinito, pues podemos unirlo al dolor de Cristo que lo hace redentor.

Pero junto con la cruz, has recibido una misión: colaborar con Cristo en la redención de las almas, justamente a través de tu sufrimiento. Para ayudarte a cumplir tu misión de llegar al cielo y “llevar” contigo muchas almas, has recibido también un “costal” que es el único equipaje con el que podrás entrar a la eternidad. Ahí puedes ir metiendo cada sacrificio, cada dolor, cada momento difícil, cada alegría... en resumen, cada acto de amor que logres hacer durante el día , y las almas por quienes lo ofreces. Lo que metas en tu costal, NO SE PIERDE, lo ganas para el cielo, porque el dolor pasa... pero los méritos son eternos cuando nuestro dolor está unido al sacrificio redentor de Cristo. De esta forma, tu “costal” es el gran tesoro que puede convertir tu cruz en herramienta de esperanza para la salvación de las personas que quieres, y para muchas más, que tal vez no conoces, pero que necesitan de tu dolor, unido al de Cristo, para poder salvarse.

Cuando llegues al cielo y veas en qué se convirtió tu cruz, cuando veas ahí miles de almas que llegaron gracias a tu sacrificio ofrecido con amor, te darás cuenta que valió la pena, y entenderás por qué Dios quiso unirte de manera tan especial a la cruz de su Hijo, REGALÁNDOTE con tu cruz particular.

La cruz no se puede quitar... es la compañera de la vida. Lo que sí puedes, es convertirla en cielo para miles de almas, hacerla tu apostolado, y con el poder de la oración y el sacrificio darle el sentido que realmente tiene. Desde la cama de un hospital se puede parar una guerra… Lo único que tú tienes que hacer es vivir la vida de gracia, para que tus actos puedan tener mérito a los ojos de Dios.

Si quisieras llevar de esta forma tu cruz, Mission Hope es para ti.

Mission Hope es una organización católica internacional de hombres y mujeres como tú, que quieren ofrecer su sufrimiento unido al de Cristo, para ganar una avalancha de gracias para toda la Iglesia, para el mundo, que está tan necesitado, y particularmente por las almas e intenciones que cada uno lleva en su “costal”. Nos unimos ofreciendo nuestra vida y nuestro sufrimiento formando una lanza que llega al corazón de Cristo de donde saldrán todas las gracias que le pedimos. Él no niega su gracia a sus hijos que sufren.

¿Te gustaría unirte a este batallón?

Descarga el KIT de afiliación y llena tu ficha de inscripción para empezar a recibir intenciones por las cuales puedes ofrecer tu dolor, convirtiendo tu cruz en un instrumento de esperanza y salvación.